Fábula El Lobo Blanco

En aquella manada de lobos reinaba la felicidad y la armonía, hasta que cierto día ocurrió un hecho que cambió la situación de la manada. Un joven matrimonio había tenido un cachorro. A juzgar de

En aquella manada de lobos reinaba la felicidad y la armonía, hasta que cierto día ocurrió un hecho que cambió la situación de la manada. Un joven matrimonio había tenido un cachorro. A juzgar de la manada, poseía un terrible defecto: era blanco.

El anciano jefe de la manada decretó que había que sacrificar al pequeño, con el objeto de mantener la pureza de la raza. Los padres del cachorrito rogaron al jefe que cambiase de opinión, pero fue en vano.

Entonces, el padre del pequeño lobezno sacó sus afilados colmillos y arremetió contra el jefe. Éste, que sus fuerzas no le permitían ya aceptar el desafío, perdonó al pequeño, que pudo quedarse con la manada.

Pasaron los años y aunque el pequeño cachorro blanco se había convertido en un gran lobo blanco, todos los miembros de la manada le trataban como si fuera un apestado, especialmente el hijo del jefe, que disfrutaba viéndole sufrir.

Un día, miembros de una manada rival capturaron al hijo del jefe, pero nuestro lobo blanco, sin pensarlo dos veces, se lanzó contra ellos propinándoles fuertes zarpazos y dentelladas. Los otros lobos salieron huyendo y el lobo blanco ayudó al prisionero a regresar a su manada.

El jefe, agradecido, le nombró guardián de la manada y, a la muerte del anciano, ocupó su puesto pues todos le tenían en gran estima.

Moraleja: No debemos cegarnos por el color de la piel, pues todos pertenecemos a la misma especie y somos igual de valiosos.

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